LECTURA DE EL CAPITAL
Libro III

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III - LA HEGEMONÍA DE LA TASA DE GANANCIA MEDIA


Llegamos por fin al Capítulo IX de esta Sección II del Libro III, donde Marx aborda de lleno la formación de “una tasa general de ganancia”, en rigor, la “tasa media de ganancia” (m), que será fundamental para el abordaje definitivo de la formación de los precios a partir de los valores. Es uno de los capítulos más densos, con excesivas reiteraciones, expresando más el proceso de investigación, los sucesivos acercamientos, los reiterados abordajes desde perspectivas diferentes, que una exposición sintética, compacta y más o menos cerrada. La variable protagonista aquí es la tasa general de ganancia media; la elaboración de su concepto es fundamental, pues en el mismo se apoya el precio de producción, cuya relación con el valor de producción, ya bien trabajado anteriormente, dibuja los dos extremos entre los cuales hay que hacer fluir los valores y los precios.

Hemos de leer este capítulo sin prisas, sumergiéndonos en sus tortuosos recorridos, dejándonos llevar, pero sin olvidar que lo aquí buscamos es la familiarización con la ontología marxiana, que nos ayudará en su momento a clarificar el problema de la transformación, lugar de confrontación entre los economistas, marxistas y no marxistas. Ontología que se nos revela como un juego de determinaciones o variables que se apoyan y se enfrentan, se subordinan y socializan, todas bajo el manto de la forma capital en que se subsumen, y que en conjunto manifiestan el ser del capital como un constante e inacabable proceso de producción.

Marx usa unos cuadros que ayudan a comprender las correlaciones entre las distintas variables, a visualizar sus movimientos relativos, y a construir una imagen del capital como realidad viva, articulada, cuyos movimientos de superficie sólo se comprenden desde la hondura de los conceptos expresados en las diversas variables. Es un capítulo que requiere paciencia, mucha paciencia, pero que al final genera agradecimiento, pues la fuerza del análisis nos ayuda a comprender, y ese resultado compensa del esfuerzo. Nosotros, siguiendo de cerca a Marx, nos ayudaremos de esos cuadros, si bien con expresiones ligeramente diferentes, para ayudar en su comprensión.


1.El capital es auto-móvil.

Como es obvio, el escenario de reflexión de la tasa media de ganancia implica un paso más en la concreción del análisis del capital, por tanto, en el acercamiento a la representación de la realidad. Este paso se manifiesta en que ahora el capital analizado no aparece como una totalidad, sino fragmentado en totalidades enfrentadas, en lucha, como ya hemos visto en el capítulo anterior; lo que ocurre es que aquí, en torno a la m, esos capitales individuales dejan de ser exteriores unos a otros, para aparecer unos mediados por los otros. Esto supone un desplazamiento ontológico muy relevante, que hemos de tener en cuenta. La m se nos aparece como la espada y el cetro de Herr Kapital; con ella consigue mantener subsumidos a sus asociados y controladas sus luchas, con promesas de justicia distributiva y amenazas del desbarrancadero que limita el capital. Veamos, pues, el juego de la tasa de ganancia media, la reina unificadora del capital; pero antes hemos de familiarizarnos con las variables que configuran la anatomía del capital, para mostrar que su ser es un constante producirse por la interacción de las mismas, tanto las internas entre sí como sus relaciones con las de los otros capitales con los cuales coexisten.


1.1. Comencemos por fijar bien el concepto de tasa de ganancia media y veamos algunos de sus más inmediatos efectos. La m está muy ligada, incluso podemos decir que está provocada, por la composición del capital, q=c/v, por la relación entre medios de producción y fuerza de trabajo. Esta relación, ya lo vimos, puede entenderse bajo tres figuras, que simbolizábamos con r, ñ y q. Marx ahora precisa un poco más, por lo cual las reformularemos de nuevo. Siempre se trata de una relación entre c y v, pero tomando estas variables en sentidos bien diferenciados.La primera figura, la que hemos llamado “composición técnica del capital”, r, ha de ser entendida como relación física y cuantitativa, como la relación material entre “la magnitud de fuerza de trabajo empleada y la masa de los medios de producción” que aquella pone en marcha. La segunda figura, la “composición de valor”, ñ, debe ser entendida como relación económica, relación entre los valores de ambos componentes, tomando por “valores” -y ésta es la matización que introduce Marx- los referidos por los precios de los medios de producción:

“En cualquier momento dado, la composición orgánica del capital depende de dos circunstancias: en primer lugar, de la relación técnica entre la fuerza de trabajo empleada y la masa de los medios de producción; y en segundo término, del precio de esos medios de producción” [1].

En fin, la tercera figura, la “composición orgánica del capital”, q, que relaciona los valores de producción de c y v. Nótese que la matización que introduce Marx hace que ñ simbolice la composición del capital como relación entre los precios c y v, y que q la simbolice como relación entre los valores respectivos. Por tanto, nos da a entender que el problema de la transformación se da muy ligado a la composición del capital.

Aunque la r está inspirando todo el análisis [2], en los cálculos de valor Marx opera con q. Marx expresa esta composición en forma porcentual, tal que un capital C1, expresado “80c + 20v” indica 4/5 en valor de constante y 1/5 en valor de variable. Y aunque la m está afectada por muy diversos factores, por comodidad del cálculo no sólo hace abstracción de los más contingentes y subjetivos, sino que prescinde en parte de algunos objetivos. Por ejemplo, como luego veremos, suele prescindir del tr, simulando que es anual; y, lo que es más sorprendente, supone una homogénea en todas las industrias o ramas e igual 100%, todo por comodidad en los cálculos. Según este supuesto, el plusvalor creado en el capital C1 anteriormente mencionado sería p = p´v = 20; y la = p/(c + v) = 20 / 100 = 20 %.

La magnitud del valor real del producto, en valor de producción Vp, será igual a la suma de los valores de los elementos de producción consumidos en su producción, o sea, que dependerá de dos factores: de v, cuyo valor pasa íntegro al producto, ya veremos después sus mágicos efectos, y de c, que requiere algunas determinaciones. Efectivamente, el valor del producto dependerá en general del valor que le traspasen los medios de producción, o sea, el capital fijo c; pero este traspaso está determinado, prima facie, por la propia magnitud de c, y de forma particular, por la parte de c consumido, pues no todo el valor del capital fijo pasa al producto en un solo ciclo, sólo transfiere el valor que se haya desgastado, cc, en función del tiempo de rotación, tr.

Ahora bien, aquí como en otras ocasiones, impera la regla de la comodidad analítica, que en este caso aconseja hacer tr = 1, pues ese “olvido” metodológico, ya lo sabemos, no influye en lani en lam. Por tanto, a efectos de facilitar el análisis Marx suele suponer que todo c pasa anualmente al producto, y así de paso nos libera de la pesadilla del tr; y como también supone que todas las esferas de producción realizan igual, todas generarán un plusvalor p proporcional al v empleado. En el cálculo como en la vida, eliminar lo superfluo o irrelevante ayuda a la felicidad.

Con todos estos supuestos, y operando de manera discrecional con cinco esferas productivas (podrán ser cinco ramas o cinco capitales) cuyos capitales tienen q diferentes, Marx construye un cuadro como el siguiente, que visualiza las relaciones de las variables (c, v, q, p´, p…) entre sí y con la ganancia, así como la función de ésta en la constitución de Vp y Pp. Lo hemos retocado añadiendo una fila, para distinguir dos expresiones del capital global: CI-V, que es la suma de los capitales en términos absolutos, y Cg, expresión porcentual del mismo. De este modo se facilitan las comparaciones de las variables de los capitales individuales con el global.


Ci

c

v

p’%

p

Vp

g´%

q=c/v

CI

100

80

20

100

20

120

20

80/20 = 4

CII

100

70

30

100

30

130

30

7/3 = 2,33

CIII

100

60

40

100

40

140

40

3/2 = 1,5

CIV

100

85

15

100

15

115

15

17/3 = 5,66

CV

100

95

5

100

5

105

5

95/5 = 19

CI-V

500

390

110

100

110

610

22

390/110 = 3,54

Cg

100

78

22

100

22

122

22

78/22 = 3,54

[CUADRO I]


Vemos que las son diferentes en cada capital, en función de las composiciones q diferentes.Los efectos prácticos son fáciles de intuir: si los casos, los Ci, representan capitales de la misma rama, los de menor tomarán nota y reformularán su q para el ciclo siguiente; si los casos representan ramas o esferas de la producción, cambiarán de negocio y migrarán a otra rama. El objetivo de valorización empuja a los capitales a moverse, a revisar la composición de su capital, es decir, la proporción en que lo reparten entre c y v, pues la mayor o menor ganancia depende de ello. Si los cinco capitales forman parte de un capital global, representado por CI-v, vemos que su ganancia es la suma de las ganancias de los cinco capitales que lo componen; y que su tasa de ganancia es m = 22, ciertamente una tasa “media”. Esta tasa media es la que sirve de autoevaluación y guía a los capitales en sus desplazamientos; el deseo subjetivo de cada uno será el de estar cuanto más por encima mejor de esa tasa, y sobre todo nunca por debajo; la tendencia objetiva de todos los capitales será la de acercarse a esa tasa, so pena de morir en el empeño. La m es como su Estrella Polar .

Pero dejemos de momento el destino del capital y analicemos un poco más el cuadro. Consideremos ahora las cinco industrias como una sola, como cinco capitales de un mismo capitalista, por ejemplo. Miremos los datos del total, de Cg, que es su acumulado; es una línea que hemos añadido para representar el sumatorio de capitales en modo porcentual, como los capitales individuales. Como puede verse, Cg es una perfecta representación del capital CI-V, una parte del mismo con Ci = 100, como los otros. Es decir, incluidos los cinco capitales en uno, la expresión absoluta de la composición del capital CI-v = 390c + 110v = 500, y su expresión porcentual: Cg = 78c + 22v. Pues bien, el plusvalor medio de Cg es: pm = 110/5 = 22 (que coincide si lo calculamos sobre los datos del total agregado, CI-v, en que g = 110/500 = 22%. Es el plusvalor medio, pm. Nótese que en Cg resultan iguales las magnitudes v = p = g´, todas ellas expresadas porcentualmente, como era de esperar. Es también relevante constatar que la ganancia media del Cg coincide con el plusvalor medio: gm = pm = 22, reforzando la idea de que, desde la totalidad, la ganancia es sólo una forma “transfigurada” del valor.

El valor de producción medio de cada sección Vpm = 610/ 5 = 122. Y de todo esto el capitalista saca sus conclusiones finales: a efectos globales es como si el producto de cada una de sus industrias, de cada quinta parte del capital global adelantado, se hubiera vendido a 122. Globalmente ese es el dato definitivo. Pero como unas industrias le han rentado más que otras, ya sospecha qué debe hacer. Habrá que mejorar las menos rentables, y aspirar a que las mismas se acerquen por lo menos a esa media de Vp = 122 [3].

O sea, el cuadro anterior nos revela que, tratando los cinco capitales como un capital global, considerando Cg como una totalidad, se comporta como un capital individual, como un universal concreto; y en esa perspectiva se cumplen sin contradicciones Tv y Tg. En cambio, tratándolos como cinco capitales particulares, se rompe esa armonía, y parece reinar Tg exigiendo para ello la desaparición de Tv. Tenemos, en consecuencia, muy aislado el problema.


1.2. Hemos operado sobre un escenario de cinco capitales, cada uno con su q y con g´, pertenecientes al mismo propietario. Es este caso, lo hemos visto, el resultado global manteniendo la separación de los capitales y sumando al final sus resultados es el mismo que si desde el comienzo los hubiera considerado fusionados, con un capital inicial igual a la suma de los cinco y con una ganancia media igual a la media de los cinco, o sea, con Vpm de 122. Es decir, le da lo mismo vender las cinco producciones de manera diferenciada, cada una con su y su Vp particular, que vender la totalidad al valor de producción medio Vpm conforme a la m. Por tanto, en la perspectiva de totalidad, la ganancia es plusvalor transmutado; no difieren cuantitativamente entre sí, pero sí difieren formalmente, sí difieren conceptualmente. En cambio, en la mirada diferenciadora, fijada en los capitales o ramas particulares, esto no ocurre. Veamos por qué.

Sabemos que el “plusvalor” está ligado a los conceptos de “plustrabajo” y al “trabajo abstracto” y que todos ellos pertenecen al reino de la producción, mientras la ganancia refiere al dominio del intercambio, al mercado, sus leyes y su esencia, la competencia. En perspectiva de totalidad, considerando el capital en su forma universal, el mercado realiza fielmente la ley de intercambio según el valor, que formula la tesis Tv; a Herr Kapital le da igual que, en la competencia a muerte entre sus capitales, una de sus marcas, uno de sus rostros o personajes, saque ventajas a otros y salga beneficiado en el reparto del plusvalor; al fin todo queda en casa. Lo que importa es Cg y sus variables. Pero desde la particularidad de los capitales y de sus propietarios privados, el paso por el mercado es tan arriesgado que se vuelve decisivo, pues es allí donde en realidad se juega la verdad del valor que cargan sus mercancías. Como en el atletismo, aunque un individuo sea el mejor preparado, el que más tiempo y medios ha empleado, el que mejores resultados ha sacado en los enteramientos, será la carrera la que fije su valor efectivo. Y ésta dependerá, aparte de las contingencias y de la subjetividad, de la composición de su capital físico, de su resistencia y de su velocidad, pero sobre todo de su resistencia y velocidad relativas, en relación con los otros.

En el mercado, por consiguiente, no sirven los resultados de la producción, al igual que en la carrera no sirven las marcas de los entrenamientos. Como ya hemos dicho, el mercado se convierte así en el momento redistribuidor, en el lugar del reparto definitivo del valor que cada capital ha aportado en función del de los otros, mediado por el de los otros. Es un reparto en cierta manera igualador, con la paradoja que siempre conlleva el igualitarismo, a saber, que siempre contradice la meritocracia; pues en esa redistribución resulta que la competencia que la vehicula siempre favorece el trasvase de plusvalor hacia quien generó menos plusvalor, a quien menos aporta a la sociedad del capital; si se prefiere, al más necesitado. Por eso hemos dicho que la redistribución del valor es el momento “solidario” del capital, pues al fin, dado que es homogénea en los diversos capitales, a quien invirtió menos en v en el momento de la producción creó menos plusvalor, el proceso de trabajo le proporcionó menos p, conforme a la fórmula p = p´ v.

Ese hecho puede parecer sumamente injusto, pues si invirtió menos en v fue porque invirtió más en c, porque mejoró mucho su q=c/v, o sea, porque aumentó considerablemente su producción. Y es injusto que quien produce más valor, que es lo que socialmente importa, sea compensado con menos plusvalor, que es lo que importa a los capitalistas. Por ello, como si en ese desajuste hubiera valgo de contradictorio, de injusticia, el propio capital se encargará de corregirlo; en consecuencia, esa menor producción de plusvalor en la fábrica es compensada con ciertos privilegios derivados de las reglas de la redistribución. En la puesta en común del valor en el momento de la redistribución, esa debilidad respecto al plusvalor que carga el capital con mayor q, y por tanto con mayor potencia de producción de valor, se convierte en mérito, por sus ventajas públicas, como si se tratara de un asunto moral.

Nótese la paradoja de estas normas virtuosas de la redistribución. Ante la alternativa real de premiar o compensan a quien apostó por el bien social del desarrollo, ampliando debidamente la parte c de su capital, o premiar a quien apostó por el bien social del trabajo, ampliando debidamente la parte v de su capital, opta por lo primero enfundándose en una capa poderosamente ideológica, al considerar que es más débil, pues ha conseguido menos plusvalor. Ciertamente, favorecer al capital con mayor q, al más tecnologizado, y por tanto al que menos invierte porcentualmente en v, al que menos plusvalor carga en sus mercancías, al menos es paradójico. Pero esa es la norma moral del capital, una norma interna, una determinación ontológica; ese es su modo de ser.

Esta idea es muy importante; y la metáfora del “mercado justo de plusvalor” en su dominio de la redistribución no deja de tener su gracia. Al fin parece lógico que, siento la misma en todos los capitales, si el plusvalor proviene del v, aquellos capitales en cuya composición v sea relativamente muy alto respecto a c, (o sea, q baja), produzcan más plusvalor. Y, efectivamente, así se ve en el cuadro anterior. También esos capitales tendrán mayor g´, como puede apreciarse. Fijada la condición de equilibrio en m, las distintas g´ (ganancias abstractas) estarán unas por encima y otras por debajo de ese valor; al igualarse en la ganancia media (ganancias reales) unos capitales habrán perdido y otros habrán ganado: habrán perdido los de mayor v y ganado los de mayor c proporcionales; o sea, habrán perdido los de menor q y habrán ganado los de mayor q.

Podríamos exportar y universalizar esta norma y concluir precipitadamente que de aquí se deriva la explotación de la agricultura por la industria, de las áreas poco desarrolladas por las más desarrolladas, y tutti quanti. Sería un juicio excesivamente precipitado, pues aunque sea un factum ese “intercambio desigual”, hay muchas más mediaciones. Por ejemplo, en el cuadro estamos suponiendo un igual en todas las totalidades; tal cosa sería razonable para comparar los capitales de una rama, pero no tan aconsejable entre esferas, regiones o países; la fijación de las variables ha de ser siempre bien sopesada, valorando si es relevante el “error” que se introduce con esa decisión, pues por escaso o despreciable que sea siempre supone cierta desviación de la realidad. En nuestro caso habría que tenerse en cuenta, por ejemplo, que p´= te/tn, con lo cual crece y mucho en relación a ese te, el tiempo no pagado, que obviamente crece cuando disminuye el tiempo necesario, tn. Y como este tiempo de producción necesario baja y baja con el desarrollo tecnológico y científico, o sea, baja y baja con el crecimiento de c, tenemos que en los capitales de q = c/v alta, tienden a crecer y crecer la tasa de plusvalor . Por eso decíamos que se ha de ir al tanto, pues si los capitales que se comparan tienen mucha diferencia en su q, no es aconsejable fijar como homogénea en ellos, ya que esta variable tiende a crecer en función del mayor desarrollo tecnológico en las totalidades de capital analizadas. Y esa mayor supondría un mayor p y una mayor g´…, que en parte compensaría la desviación respecto a la m. (Volveremos sobre estos secretos de la ).

El cuadro anterior representa sólo una primera aproximación, y muy abstracta, por cierto. Como ya sabemos, los valores producidos varían en función de la q del capital, pero también en función de la rotación (y de otras circunstancias que por razones analíticas aquí hemos ignorado); y, por supuesto, con p´. Veamos esos efectos en unos ejemplos sencillos, de tres capitales pertenecientes a tres ramos, en unos cuadros un poco más concretos. Comencemos por los de la desigual, siendo q y tr idénticos.


Ci

c

v

p’%

p

tr

cc

Pc

Vp

%

Ca

100

80

20

100

20

1

80

100

120

20

Cb

100

80

20

50

10

1

80

100

110

10

Cc

100

80

20

25

5

1

80

100

105

5

Ca-c

300

240

60

58,33

35

1

240

300

335

11,66

Cg

100

80

20

58,33

11,66

1

80

100

111,66

11,66

[CUADRO II]


Con las variables q y tr idénticas, la tiene efectos potentes en p, Vp y , como puede verse a simple vista en el cuadro II. El valor cedido a la mercancía por el capital constante, que representamos con cc, al ser tr igual a un año es en los tres casos la totalidad del c = 80. Como tr es homogéneo entre los capitales, tampoco varía el precio de costo Pc.

Veamos ahora el cuatro III, formado por tes capitales de Ci = 100, que comparten la misma q y y la misma , pero que en este caso tienen sus tr diferentes; de este modo podremos ver cómo afecta el tiempo de rotación a la ganancia al Vp. En cuanto a los tiempos de rotación de los tres capitales, fijamos que ceden su valor a la mercancía en un año, en dos y en veinte, respectivamente. Los valores producidos, Vp y las correspondientes, en los tres casos, y como puede verse en el siguiente cuadro, no sufren variación alguna, cosa lógica pues, pues no ha cambiado la variable p de la que dependen:


Ci

c

v

p’%

p

tr

cc

Pc

Vp

%

Ca

100

80

20

100

20

1

80

100

120

20

Cb

100

80

20

100

20

2

40

60

80

20

Cc

100

80

20

100

20

8

10

30

50

20

Ca-c

300

240

60

100

60

1

130

190

250

20

Cg

100

80

20

100

20

1

43,33

63,33

83,33

20

[CUADRO III]


Puede apreciarse que el valor cedido a la mercancía por el c de cada capital, que pasa al Pc, es sólo el de la parte consumida en la rotación, cc = c/tr ; en cambio, el del variable pasa en su totalidad al Pc. Por eso la rotación afecta no sólo a cc, sino al Pc y, en consecuencia, al Vp. Como puede verse, los tr no afectan a la , ya que en este supuesto no afectan a la q. Por tanto, el excedente de valor, es decir, la diferencia Vp – Pc, es siempre el mismo, siempre es p = p´v. Y como se supone homogénea en los tres casos, y también, la tasa de ganancia no varía sea cual sea el tiempo de rotación. Es así porque p siemprese calcula sobre el variable y por la relación de p con el Ci, el total adelantado.

Veamos ahora estas relaciones aplicadas a las condiciones anteriores de los cinco capitales, que tienen también distinta q. Es decir, apliquemos al cuadro I el supuesto de diferentes q y tr, y veamos qué cambios se producen en las otras variables.

En el cuadro IV tenemos la representación, en la que podemos apreciar las variaciones que se han producido al convertir q y tr en variables diferentes en cada uno de los capitales:


Ci

c

v

q

p’%

p

%

tr

cc

Pc

Vp

CI

100

80

20

4,00

100

20

20

1

80

100

120

CII

100

70

30

2,33

100

30

30

2

35

65

95

CIII

100

60

40

1,50

100

40

40

2

30

70

110

CIV

100

85

15

5,60

100

15

5

5

7

32

47

CV

100

95

5

19,00

100

5

5

10

9,5

14,5

19,5

CI-V

500

390

110

3,54

100

110

22

2,27

171,5

281,5

391,5

Cg

100

78

22

3,54

100

22

22

2,27

34,3

56,3

78,3

[CUADRO IV]


Comparando los cuadros I y IV, cuya diferencia significativa consiste en la introducción de tiempos de rotación diferenciados en los capitales individuales, recogidos en la nueva columna, tr, podemos apreciar los efectos en la estructura del capital global. En valores absolutos, el global no ha variado, CI-V = 390 + 110, que en su composición porcentual o composición media es Cg = 78 + 22. Por tanto, se mantienen los valores de q, como se aprecia en su columna. Tampoco ha variado el pm = 22, ni la tasa media de ganancia, m = 22%, pues no dependen del tr; les afecta , que suponemos constante, y v, que no ha variado en los ejemplos que representan los cuadros.

En cambio, se han visto afectados los Pc de los capitales individuales y del global; en el cuadro I no constaba, pues su valor era obviamente el capital inicial, o sea, 100 en todos los casos, pero debemos tenerlo presente para ver los cambios producidos. Su fórmula general Pc = c + v, válida en su abstracción, suponía un tr = 1, en el que todo c se consumía y todo su valor era transmitido al producto en un año; ahora, como puede verse en la columna cc, introducida al efecto, el valor del capital constante transmitido anualmente es una fracción de c, que se reparte entre los años que dure la rotación. En consecuencia, la fórmula del precio de costo determinada es Pc = cc + v. Y puede constatarse cómo los cc y Pc del CI-V siguen siendo la suma de los cc y Pc de los cinco capitales individuales.

También ha variado el Vp, tanto de los capitales individuales como del conjunto. Es comprensible, pues Vp = Pc + p, y aunque los p de los capitales no hayan variado, pues no les afecta el tiempo de rotación mientras v y no varíen, sí lo han hecho los Pc, como acabamos de ver. Podemos ver en su columna que, en rigor, no ha variado el del CI, pues su tr = 1, pero sí los restantes. Y puede apreciarse que su variación depende del número de años de la rotación; cuantos más años, rotación más lenta del capital fijo, menos cc, menos Pc y, en fin, menos Vp.

Obviamente, también han variado los Pc y los Vp de los globales, como se aprecia en sus dos formas de expresión. Los correspondientes valores absolutos se calculan fácilmente, los de CI-V por las sumas de las respectivas columnas, y los del Cg mediante una reducción porcentual. Al extraer estos valores de la suma, no es necesario conocer el tr medio. Su cálculo directo es un poco más complicado, pero asequible. Lo hemos hecho constar en su columna, trm = 2,27 años, para que haga bonito, pero no aporta utilidad hermenéutica al cuadro.

En fin, en el cuadro IV se aprecia que ni tr, ni tampoco cc, función del mismo, afectan al plusvalor y la ganancia. A nivel global los tr afectan al Pc y al Vp, pero no a p ni a g mientras sea constante . Se comprende que así sea, aunque puede sorprender intuitivamente, en tanto que esas dos variables afectan por igual al Pc y al Vp. Cuando crece tr, decrece cc, pero la diferencia Vp – Pc, que groseramente mide la ganancia (calculada antes de la redistribución), no se ve afectada, sigue siendo p = g.


2. La tasa de ganancia media, la reina madre del capital.

En el apartado anterior hemos radiografiado la anatomía, y parte de la fisiología, del capital; hemos visto que ninguna de sus determinaciones es absolutamente fija, que el capital no es una esencia eterna sino una constante producción y reproducción de sí mismo.Demos ahora un paso más en esta misma dirección y tratemos de describir la unificación de las esferas, es decir, de simular el futuro de los movimientos de los capitales, y especial de prever cual sería la situación de equilibrio tras la lucha de los capitales por el plusvalor, por el suyo y por el de los otros. Y esta tarea pasa por avanzar en la configuración del concepto de la tasa de ganancia media, por avanzar en la descripción de sus funciones.


2.1. No es necesario decir que el reinado virtual de la tasa general de ganancia media, destino ideal del capital, no es propiamente una meta que persigan -para quienes no gustan de la prosopopeya, “a la que son arrastrados”- los capitales; aquí, como los individuos en el estado de naturaleza de Hobbes, cada uno persigue su poder en una “bellum omnium contra omnes”. En ese estado de naturaleza, que comparten los individuos y los capitales, la situación de equilibrio, la paz, -en la esfera política el Estado como sociedad civil pacificada gracias a la ley y la justicia y en la esfera económica el Mercado como producción capitalista pacificada gracias al reinado de la ganancia media-, es un resultado no esperado, ni siquiera en sí mismo deseado, a no ser como mal menor y provisional. Quiero decir que las condiciones de equilibrio en la sociedad civil y en la producción son situaciones de conflicto, ambas pobladas de contradicciones, y ambas subsumidas en una forma (el Estado, el Capital) que, sin anular la oposición, las controla, gestiona y permite que hagan su tarea de mantener el movimiento sin caer por el desbarrancadero. En definitiva, el equilibrio y la paz social pueden ser destino oficial, pero no son el motivo primero del Estado o del Capital, no son su razón de ser; no deberíamos olvidarlo. En todo caso, la ciencia económica, y en general todas las ciencias, necesitan operar con semejantes referentes, equilibrios o situaciones ideales; hasta la filosofía asume esa necesitad, de la mano de Habermas.

Supongamos que las cinco totalidades de capital del cuadro, con las que venimos trabajando, en esta nueva simulación producen la misma mercancía; supongamos también que tras sus correspondientes escarceos se llega a la vitoreada situación de equilibrio y se ven obligados –unos contentos y otros no tanto- a vender el producto a la misma gm´. Como el plusvalor medio con los supuestos que hemos elaborado el cuadro es pm = 22 y la ganancia media porcentual es gm´= 22, el valor de la producción -y en un caso ideal el valor de la venta- resultará de añadir ese 22% al Pc de cada capital. Para ilustrarlo partimos del último cuadro arriba representado, el IV, añadiendo algunas variables más, en gran medida ya conocidas, como la omnipresente m o el Pp, el “precio de producción”. Dos variables ligadas entre sí por la ecuación Pp = Pc + m, y que juntas disputarán el puesto de mando en el intercambio a Vp, hasta ahora el referente del valor, la verdad y la justicia.

Queremos enfatizar esta entrada en el cuadro, o sea, en el cálculo, de la m. Ya conocemos su concepto, su origen y muchos rasgos de su función, pero no hemos valorado de forma suficiente y satisfactoria la revolución que ocasiona su entrada en el mundo del valor. Podríamos decir que el problema de la transformación, que sigue latiendo en el fondo de esta lectura en espera de su ocasión, va a caballo de esta anodina, vulgar y trivial tasa de ganancia media; y no deja de ser curioso que así sea, que no ya el capitalismo, la vida del capital, sino el conocimiento, la ciencia del capital, dependan inexorablemente de su concepto.

Veámoslo partiendo del cuadro siguiente, que a las variables ya conocidas añade otras dos directamente afectadas por la m, el ya anunciado precio de producción y las desviaciones, λ, de las ganancias de los capitales individuales respecto a la ganancia media, una variable discreta pero con mucho mando, como veremos.


Ci

c

v

q

p’%

p

%

g’m’%

tr

cc

Pc

Vp

Pp

Λ

CI

100

80

20

4,00

100

20

20

22

1

80

100

120

122

+2

CII

100

70

30

2,33

100

30

30

22

2

35

65

95

87

-8

CIII

100

60

40

1,50

100

40

40

22

2

30

70

110

92

-18

CIV

100

85

15

5,60

100

15

15

22

5

17

32

47

54

+7

CV

100

95

5

19,00

100

5

5

22

10

9,5

14,5

19,5

36,5

+17

CI-V

500

390

110

3,54

100

110

22

22

1

171,5

281,5

391,5

391,5

0

Cg

100

78

22

3,54

100

22

22

22

1

34,3

56,3

78,3

78,3

0

[CUADRO V]


Como vemos, el cuadro se va ampliando, ofreciéndonos cada vez más detallada la estructura de las variables que describen el capital. De hecho hemos introducido tres columnas nuevas, lasm, los Pp y las λ. Y, como es obvio, si están ahí es por y para algo. Algunos de sus efectos ya son visibles, como la explicitación de las correlaciones entre las m y los Pp. También es luminosa la desigualdad de las λ, unas en positivo y otras en negativo, indicando que hay capitales más y menos eficientes, con sus Pp por encima y por debajo de su Vp, lo que sin duda anticipa efectos importantes, ahora invisibles. Vayamos por paso.

De entrada, fijémonos que la nueva columna, Pp, ya usa ese nombre problemático de “precio”, que le viene justamente del hecho de construirse desde dos variables que refieren a ellos, dado que, como sabemos, Pp = Pc + g´m. La primera componente, el Pc, es de su misma especie, expresa precios, y suele expresarlos en dinero; en cambio la segunda componente, la m, aunque vive y reina en el mundo de los precios, goza de cierta reconocida universalidad. Siempre con voluntad de neutralidad, parece apátrida, ciudadana del mundo económico, resistiéndose a la adscripción; por eso parece una categoría híbrida, pues aunque confusamente sea la g su ascendiente directo, siempre guarda lazos de sangre con su origen, el plusvalor. En definitiva, una variable que, perteneciente al ámbito de los precios, conserva las marcas de sus ancestros, habitantes del mundo del valor.

Esta doble pertenencia se irá revelando sobre la marcha, al menos eso espero, ese es un objetivo instrumental importante de esta lectura. De momento quiero resaltar que la m sólo tiene cabida en el capital global, ahí nace y crece; pero no se reproduce y muere confinada en su gueto. Es una media “confederal”, que no habita en los capitales individuales, no sale de sus entrañas, propiamente no tiene lugar concreto; pero sale de su universalidad en el abstracto C1-n y se hace presente en todos los lugares, en todos los capitales, imponiéndoles su determinación confederada y solidaria. O sea, no es hija de los capitales individuales, pero nace por y para determinar a los mismos, para combinarlos y forzarlos a vivir en la justicia; sin ellos, sin ellos no tendría sentido su existencia.

Si la m aparece en todas las filas de los capitales individuales, indicando que pertenecen a la confederación, y siempre con el mismo valor, expresando así su igualdad formal, no es porque se genera en todos ya cada uno de ellos. Como he dicho, se genera en el conjunto, y aparece allí como imposición de lo universal, como faro o norma que les recuerde su deber y les sirva de guía.

Esta característica de la m se pone de manifiesto en su comparación con las de las totalidades de capital particulares. Las siguen emparentadas con el p, pues aunque expresen el tanto por ciento de g, esta ganancia es una forma “transfigurada” de expresar el plusvalor generado por el capital, es una figura dineraria del valor. Ciertamente, g no es , ésta es abstracta, su valor ancestral se aleja del concepto, aunque permanezca poniendo límites cuantitativos. Y, claro está,m es aún más abstracta, pues es abstracta como tasa porcentual, como g del capital global, y es abstracta como tasa media, tasa de tasas. Es decir, si aún expresa valor o tiempo de trabajo, es una expresión más lejana y abstracta que la de su ascendiente, y mucho más aún de la g que está en su origen, y ni qué decir de p, ese ancestro del pleistoceno.

Con esto quiero llamar la atención sobre una cuestión conceptual que interfiere en el problema de la transformación. Habitualmente se entiende que el dinero es una figura del valor, una manera de expresar el valor del capital. Esto es muy coherente con la ontología de Marx, lo sabemos. Ahora bien, como “ganancia” es un concepto muy polisémico, -se usa tanto para expresar ganancia en valor, en dinero, en peso o en velocidad-, y como en el ámbito económico suele expresarse en dinero, acaba estableciéndose una alianza confusa entre ganancia y dinero; si a esto le añadimos que la ganancia tiene que ver con los precios y que éstos suelen también expresarse en dinero, tenemos un trío cuya unidad hace difícil la distinción de sus conceptos, tal vez porque en esa unión espontánea éstos se han metamorfoseados e hibridados hasta hacerse irreconocibles.


2.2. Marx usa a veces g para referirse a la ganancia como valor, hasta el punto de que la igualdad p = g es un principio esencial de su teoría. Si se da esa igualdad, es porque el valor puede expresarse como ganancia, o porque la ganancia puede medirse en unidades de valor. Pero ¿qué pasa cuando se expresa en dinero? Con ello simplemente se asume que p también puede expresarse en dinero, como figura del valor, que hay una equivalencia entre x1 horas de trabajo y z1 unidades dinerarias. Eso nada tiene que ver con el problema de los precios.

Cuando hablamos de los precios estamos introduciendo otro problema: al de la expresión, ya señalado, añadimos el del cambio, el de la traducción cuantitativa. Por ejemplo, cuando hablamos de Pc, podemos expresarlo en valor o en dinero. Si lo expresamos en valor, tenemos el problema ya conocido de si se ha hecho o no la transformación, de si es ha hecho o no bien el cambio; pero si lo expresáramos en dinero, ¿obviaríamos el problema? Depende. Si seguimos pensando en la ontología del valor, cuya substancia es el tiempo de trabajo, tal que traducirlo a dinero es como operar con moneda extranjera, subsisten los mismos problemas, pues el capitalista no habrá resuelto si realmente ha comprado los medios de producción y la fuerza de trabajo por su valor. En cambio, si conscientemente o no abandonamos esa ontología, y entonces el dinero no expresa valor, expresa mero poder de compra, en ese caso el problema de la transformación desaparece. Es natural, así ha desaparecido la teoría del valor, y ha sido sustituida por otra… que tampoco puede resolver el problema de si al comprar una mercancía se paga su “precio”, más o menos. Por tanto, se puede seguir hablando de precios sin haber renunciado a la teoría del valor.

¿Y la ganancia? Además de poder usar el término como expresión del valor, sea en medida de tiempo de trabajo, sea en dinero, está la cuestión de la formación de la ganancia, es decir, el problema de las tasas de ganancia, y m. Y este es un problema no menor, que debe ser clarificado. Cuando Marx habla de la ganancia como “forma transfigurada” del valor, no se debe a que usualmente la ganancia se expresa en dinero, como he dicho; se debe a que conceptualmente la ganancia, tanto en la vida económica como en la ciencia, se genera en otro lugar, no en la producción sino en la circulación, y mediante un procedimiento aparentemente distinto del plusvalor. En los cuadros anteriores hemos podido verlo: el p se genera en la fábrica, fruto de las condiciones de trabajo, particularmente de su p´; la g también, pues es otra forma de expresar el valor. Si el capital se considera aislado, tiene su también arraigada en las condiciones de trabajo. Pero luego, si consideramos a los capitales de forma combinada, en competencia, ¿qué pasa? Pues que entonces no se produce plusvalor, pero se redistribuye; no se produce ganancia social, pero se redistribuye entre los capitales de forma nueva. Y varían los resultados, especialmente las tasas de ganancia, que dejan de ser y pasan a ser m, con lo cual suben o bajan.

Aun así, podrimos decir que se redistribuyen ambas, las ganancias y los plusvalores, con lo cual siguen apareciendo como dos formas de expresión de lo mismo. Y ciertamente es así. Pero en su momento veremos que entra en juego el precio como concepto diferente. Al menos de momento podemos seguir considerando que la g´ es otra forma de expresar la explotación o tasa de plusvalor, una forma transfigurada del plusvalor; en cambio la m parece tener poco que ver con el valor, con el que guarda un parentesco lejano

Ciertamente, esa lejanía a veces no se deja ver. Por ejemplo, si miramos el cuadro V podemos imaginar que la m es simplemente la del capital global; su igual valor parece certificarlo. Pero es sólo imaginación, una ilusión, y en realidad al identificarlas cometemos un importante error conceptual. El modo de ser de la m le viene de su génesis, y no es el mismo si la construimos como tasa de ganancia de un capital agregado, m = g/C1-n, que si la construimos como media de las tasas de ganancias de los componentes de ese capital; m = ∑g1-n/n, como hemos dicho. La primera vía tiene la ventaja operativa de que si los Ci son de distinta magnitud es fácil de calcular; la segunda en ese supuesto es más compleja, pues la “media” de las está ponderada por las magnitudes de los capitales respectivos. Cuando los Ci son iguales, el cálculo es sencillo, pues se trata de una media aritmética. Ahora bien, en todo caso me parece que la desventaja operativa queda compensada por la claridad del concepto, como veremos.

Si miramos detenidamente este cuadro V, la m tiene una presencia extraña. Por un lado, figura en la línea de cada uno de los capitales, lo cual es innecesario y trivial, pues no tiene sentido práctico hablar de ganancia media en un capital aislado; en todo caso, es trivial que la m de los componentes de un capital agregado es igual a la g de ese capital tomado como unidad. La verdad es que si la hemos incluido en los capitales individuales es porque cumple otra función: la de señalar el destino de las individuales, hacia donde tienden todas conforme a la Tg cuando los capitales se valoran como pluralidad interrelacionada. Por tanto, su presencia en el cuadro ayuda a visualizar la estructura de las variables del capital.

La razón de su presencia en cada fila, adherida a cada capital, no es otra que la de indicar que es su referente en el mercado, que sea cual sea su deberá desplazarse a m que define la situación de equilibrio. Sólo la presencia de la m de los cinco capitales tomados en su conjunto, de CI-V, está justificada en sí misma, pue si como capital agregado unitario tiene su propia g, como capital compuesto tiene una tasa de ganancia media, igual a la media de las tasas de ganancia de sus componentes. Y esa m que le corresponde como capital compuesto es conceptualmente diferente, aunque de igual valor absoluto, que su g como capital individual. Por tanto, la m de la casilla del CI-V no indica, como ocurre en su presencia en las demás casillas, el destino de ; tomado el capital como totalidad aislada no tiene ningún lugar adonde ir. Sólo en la pluralidad se distinguen conceptualmente y m, siendo ésta el referente al cual tiende aquella.

Estas consideraciones deberían servirnos para captar cierta “distancia” de la variable m respecto al valor, aunque siga siendo su ancestro, y situarla en el dominio de los precios. Subrayar esta distancia, sin olvidar su origen, es útil para la interpretación que tratamos de exponer de la relación entre valor y precio. Insistimos una vez más, la g de cada capital viene determinada por su igualdad con el plusvalor, como corresponde a su propia definición, p= g; y la también viene establecida en relación al plusvalor, según g´= g/Ci. Como es obvio, la , la tasa en sí, es una magnitud abstracta, un número que expresa un tanto por ciento; sean cuales fueren las unidades en que se expresen g y Ci, su cociente es un número. No debe confundirse con la g, que es una magnitud determinada cualitativamente, con unidades, resultado de aplicar la tasa a la base, a Ci. No deben confundirse ni siquiera cuando Ci = 100, en cuyo caso sus valores absolutos coinciden.

Por su parte la m, conforme a su concepto, no es un tanto por ciento de una magnitud real, de un capital individual; en el mejor de los casos de esa vía de definición sería un tanto por ciento de un capital global virtual, de un capital agregado abstracto. Conforme a su concepto, como digo, cuando se trata de una pluralidad de capitales de la misma magnitud se define como media aritmética de las de los mismos, es decir, la suma de las tasas de ganancia de cada capital individual dividida entre el número de ellos. Por tanto, como ya hemos visto, m = ∑1-n/n, que en nuestro ejemplo se concreta en m=(20+30+40+15+5)/5 = 22. Esa es la manera de calcularla fiel al concepto; y si los capitales son desiguales, el procedimiento es homólogo, aunque de operativa más compleja. Tanto es así que, si se opta por obtener el resultado concreto por la vía del tanto por ciento de la suma de las ganancias, debiera mantenerse activo el concepto. Creo que es la vía más correcta de pensar la m; y, además, para nuestros objetivos, creo que única es la mejor manera de entender que m, pues permite comprender que cuente el valor entre sus ancestros, al tiempo que no se la considera de parentesco próximo. Si ya es una magnitud abstracta, a pesar de estar construida desde magnitudes con cualidad, m ratifica y radicaliza la abstracción, pues ella misma procede de lo abstracto, de .

En definitiva, un capital agregado tipo C1-n puede ser considerado de forma aislada, unitaria y simple, y tiene como cualquier otro su g´= g/Cg, o de forma aislada, unitaria y compuesta de n componentes, en cuyo caso tiene su tasa de ganancia g = ∑g1-n/∑C1-n, como ya hemos explicado; y aunque en este caso g´= g´g, en tanto tienen el mismo valor absoluto, la distinción conceptual es pertinente. Ahora bien, dicho capital también puede ser considerado de otra forma, a saber, como resultado virtual de la combinación de los n capitales individuales enfrentados entre sí, en cuyo caso surge la m = ∑g´1-n/n, con el mismo valor absoluto, pero que por su origen (media aritmética de las de los capitales individuales) y su función (no expresa en realidad ganancia producida de ningún capital sino norma de redistribución) es inconmensurable con las otras expresiones de la tasa de ganancia. A veces una definición permite un cálculo más fácil, y entiendo que se aproveche; pero creo que nunca esa facilidad técnica ha de desplazar la claridad del concepto. Por eso, y dado que las tres definiciones llevan al mismo resultado absoluto, sea cual fuere la usada ha de salvarse siempre el concepto de m como tasa media de tasas, con toda la abstracción que ello arrastra.


2.3. Abordemos ahora algunos aspectos del cuadro V, al que dedicamos estos comentarios. Las desviaciones, λ, miden la distancia entre la de cada capital individual y la tasa de ganancia media que fija el mercado para los mismos, m. Se entiende que es una tasa real, efectiva, un resultado del proceso productivo; en cambio m es siempre virtual, marca la tasa de Cg cuando se alcanza el equilibrio entre los capitales. Es como una promesa, una meta que sirve de referente a la que se dirigen las ; es el punto de confluencia virtual, la “voluntad general” del capital.

Las λ marcan la distancia a recorrer, y pueden interpretarse de dos maneras. Una, como diferencias entre las de cada capital y la m a la que tienden. Esta lectura nos permite ver con claridad la relación de las mismas con el p de cada capital y con su q, cuyos movimientos influirán mucho en su fijación y, por tanto, en la redistribución. Otra lectura de las desviaciones pasa por interpretarlas como diferencias entre valores y precios de producción, Vp y Pp. Operacionalmente es irrelevante una u otra mirada, pues Vp = Pc + p y Pp = Pc + g´m; o sea, la diferencia porcentual entre ellos es la diferencia entre p o g y m, con lo cual se obtiene el mismo resultado, se llega al mismo sitio. Pero esta última perspectiva tiene una ventaja metodológica, que deriva en beneficio del concepto, pues nos ofrece abiertamente la relación entre valores y precios de producción, que es precisamente adonde queremos ir.

Nótese al respecto que en los capitales individuales aislados no hay desviaciones, sus respectivas λ siempre son igual a cero, pues siempre = m y Vp = Pp. Tomados los capitales en su aislamiento, no hay nada que distribuir; podríamos decir que no es necesario distribuir nada pues no hay injusticia alguna, no hay desigualdad, no es necesaria la solidaridad, estos valores que en la ficción parece cultivar el capital. La posibilidad y la necesidad de redistribución surgirán al compararlos, al confrontarlos; entonces aparecen las respectivas λ, cuyo valor absoluto marca la magnitud del recorrido y cuyo signo señala el sentido del movimiento de los capitales.

Una visión más amplia y compleja, y más fecunda, de la relación entre y m nos la proporcionaría la perspectiva de la ontología de la subsunción. Conforme a ella, m sería la forma que subsume las , entre sí enfrentadas y contrapuestas. Su estatus de referente de las individuales, determinando su virtualidad desde su función redistributiva, gestionando sus diferencias, sus oposiciones y movimientos, es la propia de una forma subsuntiva. Forma que consigue a un tiempo mantener el conflicto, que es el alma del capital, y mantenerlo en unos límites que haga posible su subsistencia, su reproducción. Como en toda relación de subsunción, la contradicción entre las es el alma de la misma, enfrentadas entre sí y cada una con la forma general, oponiendo resistencias a la determinación de ésta, resistencia a la solidaridad, a la redistribución, cuando el camino es de bajada, y estando a su lado, en su apoyo, cuando ayuda en la subida. Y, como hemos teorizado en otro lugar [4], poniendo de relieve la inmanencia de la relación, exigencia de la ontología marxiana, pues si bien las g´ son aquí las subordinadas y m la hegemónica, ésta no es transcendente, no viene de fuera, sino que nace dentro y desde las propias , como se ve en su fórmula m = ∑g´1-n/n. Tal vez algún día abordemos este enfoque para sacarle todo su jugo, pues sospecho que, aunque no aporte nada a la solución teórica y técnica de la transformación, proporciona ricas perspectivas de un modo de producción a la vez tan exquisitamente individualista y tan profundamente socializador.

En otro orden de cosas, si comparamos los cuadros IV y V, vemos que el plusvalor p de cada capital, y por tanto el total, no han cambiado; en consecuencia, tampoco el Vp de cada uno ni del capital total. Como el Pp de cada capital se calcula como Pc + m, y ésta es diferente del p y de la respectiva del mismo, la diferencia entre Pp y Vp será la misma que entre m y la respectiva g´. Es decir, la desviación porcentual en cada capital entre su Vp y su Pp, entre su valor y su precio real de producción, es la misma que entre m y la de ese capital. En consecuencia, en el capital global las sumas de los valores de Vp y de Pp son iguales, lo que redunda según Marx en que la conversión de valores en precios afecta a los capitales individuales en sus interdependencias, no al capital global.

Nótese que para calcular Pp hemos sumado esa m, = 22, el 22% de ganancia media, al precio de costo de las mercancías de cada fábrica; este Pp es el precio teórico de venta que correspondería en la supuesta situación de equilibrio. Es “teórico” porque es producido por la teoría, y sin duda no será el Pv empírico, en cuya fijación intervendrán la contingencia y la subjetividad; si se prefiere, es el Pv virtual, al que se irá acercando el Pv a medida que se eliminen los factores subjetivos y contingentes, exigencia que sólo se cumple en la situación ideal de equilibrio. Pero ¿qué significado tiene este “precio”? ¿A qué responde, de qué es efecto y qué implica? No es extravagante la sospecha de que parece responder a la rectificación, al menos en apariencia, de la teoría del valor por la teoría de la ganancia media; es como un referente de la distribución, la base de esa justicia del capital entre los suyos. En tanto que viene a ser el valor real teórico, el valor virtual que el capitalista se llevará al final a casa en lugar del sacralizado Vp, deberemos seguirle la pista, pues apunta en la buena dirección.

En la columna de las “desviaciones”, que muestra la diferencia cuantitativa entre el Vp (valor aparentemente real conforme a la teoría del valor) de las mercancías y su Pp (valor aparentemente real conforme a la ley de la tasa de ganancia media), expresa lo que cada capital pierde o gana por efecto de la redistribución (si se prefiere, de la competencia) [5]. Pero fijémonos que no es una pérdida o ganancia por cuestiones subjetivas de los actores mercantiles, no se deriva de sus habilidades y destrezas para la seducción o el chalaneo; tampoco es una pérdida o ganancia derivada de contingencias que afecten a la abundancia o escasez de mercancías rivales en el mercado. Esos factores forman parte del paisaje, y pueden influir en el Pv, pero no en el Pp ni en el Vp, que son dos variables internas a la teoría y los dos referentes únicos de la desviación. Variables éstas que, como sabemos, dependen de q, de tr y de , que nada tienen que ver con contingencias ni con subjetividades.

Las λ son exquisitamente objetivas; su razón de ser y su magnitud viene dada por la vida interna del capital, por su vida constituyente. Su función es garantizar esa curiosa justicia redistributiva que rige en el mundo del capital, pues la igualación tiene raíz inmanente, no viene de la transcendencia, por la generosa vía celeste del maná. Lo que gana un capital individual lo pierde otro, como no podía ser de otra manera, pues todo intercambio productivo o mercantil es una relación de suma cero: todo lo que se reparte previamente ha sido producido.

Unas λ están por encima y otras por debajo. A nivel global, tomando las cinco totalidades de capital como una unidad, CI-v, y expresado porcentualmente Cg, los efectos de la competencia, o sea, de la ley de la tasa media de ganancia, desaparecen y, a ese nivel de abstracción, rige poderosa la ley del valor. Pero tomados por separado esas diferencias permiten materialmente hacer justicia redistributiva, cumplir con la ley del capital expresada en Tg, la ley de la tendencia a la igual tasa de ganancia de los capitales. Y cumplir con ella sin violar la otra gran ley, también igualitaria, que rige la justicia en toda economía mercantil, expresada en Tv, que prescribe el intercambio de mercancías conforme a su valor.

Tan afanoso de la igualdad se presenta en escena el capital que parece empeñado en dar la razón a Marx cuando pronosticaba que, a su pesar, nos llevaba a una sociedad igualitaria. Tanto igualitarismo, sin duda, debería hacernos sospechar. De todos modos, vale la pena seguir y desvelar la raíz de esas apariencias. Al fin, ¿cómo no sentir curiosidad cuando vemos que, en el anterior cuadro del supuesto de los cinco capitales de un solo propietario, al mirar el comportamiento de Cg vemos que desaparece la redistribución, desaparecen las desviaciones y las diferencias entre los Vp y los Pp, tal que la competencia deviene simulacro?


2.4. Para terminar este apartado y esta entrega nos detendremos en algunos movimientos y correlaciones entre las variables del cuadro. Marx ha insistido mucho en que la de una esfera económica no se ve afectada por el volumen de capital empleado. “Pero…”. Siempre hay un “pero” que aclarar.Es un factum que las de las distintas esferas son diferentes, según las q respectivas. Pues bien, veamos tres casos de cuatro capitales, manteniendo siempre en todos ellos = 100%, y haciendo variar el Ci y la q.


Ci

c

v

%

p=g

%

m

CI

100

75

25

100

25

25

22,5

CII

100

60

40

100

40

40

22,5

CIII

100

85

15

100

15

15

22,5

CIV

100

90

10

100

10

10

22,5

CI-IV

400

310

90

100

90

22,5

22,5

Cg

100

77,5

22,5

100

22,5

22,5

22,5

[CUADRO VI. CAPITALES IGUALES Y CON DIFERENTE COMPOSICIÓN]


Como puede verse, en este caso hemos partido de cuatro capitales de igual valor inicial y con sus q diferenciadas. Como los capitales iniciales son iguales, la de cada uno es diferente, por depender fuertemente de su composición; ver que varía entre valores de 40 en CII y 10 en CIV. En este caso la tasa de ganancia media, que vendría representada por la tasa de ganancia del Cg, tendría un valor m = 90/4 = 22,5%.


Ci

c

v

%

p=g

%

m

CI

200

75

25

100

50

25

13,09

CII

300

60

40

100

120

40

13,09

CIII

1.000

85

15

100

150

15

13,09

CI-IV

5.500

310

90

100

720

13,09

13,09

Cg

100

77,5

22,5

100

180

13,09

13,09

[CUADRO VII. CAPITALES DE DIFERENTE MAGNITUD Y COMPOSICIÓN]


Variemos ahora el volumen de los capitales iniciales manteniendo sus respectivas q. Nótese que las de cada capital mantienen sus valores del cuatro anterior; es normal, pues las tasas no dependen del valor de Ci, sino de su composición, y ésta no ha variado. Las ganancias, en cambio, como dependen de v, han variado proporcionalmente al crecimiento de los capitales. La ganancia media, gm = 720/5500 = 13,09%, ha variado, debido a que el cambio de las magnitudes de los capitales afecta a las respectivas magnitudes de p y g, ya que estas variables sí dependen del Ci. La s del Cg, es decir, la m, ha bajado sensiblemente, de 22,5 a 13,09. Se observa que han crecido más los Ci de los capitales III y IV, los dos que tenían menor , que afecta a la media.


Ci

c

v

%

p=g

%

m

CI

4.000

75

25

100

1.000

25

26,64

CII

1.000

60

40

100

400

40

26,64

CIII

300

85

15

100

45

15

26,64

CIV

200

90

10

100

20

10

26,64

CI-IV

5.500

310

90

100

1.465

26,64

26,64

Cg

100

77,5

22,5

100

366,25

26,64

26,64

[CUADRO VIII CAPITALES DE DIFERENTE MAGNITUD Y COMPOSICIÓN]


Respecto al cuadro anterior hemos introducido una sola variación. Como puede observarse, en II y III hemos mantenido el mismo CI-IV de 5.500; también hemos mantenido las q de cada capital; en cambio, hemos variado sus magnitudes invirtiendo el orden del anterior Para la comparación entre I y III vale lo dicho al comparar I y II. Si comparamos ahora II y III observamos que la m ha crecido mucho, pues aquí los Ci que han aumentado son los de mayor . Las particulares no se han alterado, pues sus capitales no han variado su composición. Pero lam ha pasado ahora a 26,64%, superior al 13,09% del II y al 22,5 del I, por haber aumentado las magnitudes de los capitales con mayor v, o sea, con mayor . La conclusión global que se extrae es que laganancia está determinada por dos factores: a) por la q de los capitales de las diversas esferas, que se manifiesta en las diversas particulares¸ y b) por la distribución del capital social en las diversas esferas.

Del análisis de estas correlaciones entre variables, y para cerrar esta entrega, me gustaría que sacáramos un par de conclusiones, de dos tipos. Una conclusión general sobre la naturaleza del capital, reducido en los cuadros a una estructura de relaciones entre determinaciones que muestras su interdependencia, y que en conjunto abonan la idea de la ontología marxiana como radicalmente antiesencialista, representado el ser del capital como un proceso constante de producción, en este caso fuertemente sobredeterminado por la ganancia media, que subsume a las demás variables forzándolas a desplazarse adecuadamente. Y otra conclusión más particular, referida a la vida interna del capital, movido fundamentalmente por dos de sus determinaciones, q y tr, dado que hemos fijado la determinación más definitiva, la . Con la m en el fondo, como faro dirigiendo el movimiento, forzando la actividad y regulando los desequilibrios, la ganancia se nos ha revelado como el aloma del capital, sin duda, pero también como una cualidad que pocas veces se le otorga, la de su potencia solidaria, en rigor, socializadora. Ciertamente hemos jugado con esta metáfora, e incluso hemos ironizado; bien está, pero no deberíamos despreciar su dimensión teórica. Frente a la vida en la superficie, donde el capitalismo se nos muestra voraz, individualista y sin consciencia, en sus profundidades cuida la solidaridad, la redistribución, la socialización del plusvalor. No, no se trata de una función ética, pero ya nos gustaría que en otras esferas, como la producción en sentido estricto, necesitara esa determinación con la misma fuerza y la ejerciera con la misma eficacia; ya nos gustaría ver que es tan solidario con quienes realmente producen el plusvalor como lo es entre quienes se lo apropian y reparte. Pueden parecer maras curiosidades, pero yo creo que vale la pena tenerlas presentes. Aunque solo sea para no olvidar que de esa solidaridad nace su fuerza.


J.M.Bermudo (2016)


[1] C., III, 195 (Citamos de la edición de P. Scaron en Siglo XXI)

[2] Hasta el punto de que la crítica de los sraffianos en gran medida pasa por operar desde ella, es decir, desde las relaciones entre componentes físicos.

[3] C., III, 196.

[4] Ver en nuestra web nuestro ensayo “Contradicción y subsunción. Dos ensayos de ontología marxiana. I La subsunción” (www.jmbermudo.com).

[5] Para justificar este recurso excesivo a expresiones como “aparentemente”, “en apariencia”…, digamos que con ello pretendemos llamar la atención sobre una cuestión: las ilusiones y confusiones que afectan al debate sobre la transformación de los valores en precios. Creemos, y así lo expondremos al final del recorrido, que son estas confusiones ontológicas las que lo alimentan y hacen insoluble.