LECTURA DE EL CAPITAL

INICIO

LA FILOSOFÍA Y SU HISTORIA

FILOSOFÍA MODERNA

FILOSOFÍA POLÍTICA

ÉTICA

LECTURAS DE FILÓSOFOS

MARX Y MARXISMO

LA VIA AL SOCIALISMO

INTERVENCIONES


- Cuestiones de método.    HTML     PDF
- La mercancía, casa del capital.    HTML    PDF
- Fetichismo de la mercancía y del derecho.     HTML    PDF
- El dinero, mercancía de dorada cabellera.    HTML    PDF
- El capital, valor que se valoriza.    HTML    PDF
- La plusvalía absoluta.    HTML    PDF
- La plusvalía relativa I. Cooperación y división del trabajo.     HTML    PDF
- La plusvalía relativa II. La máquina en El Capital.     HTML    PDF
- Plusvalía, intensidad y potencia productiva.    HTML     PDF
- El salario y sus formas transfiguradas.     HTML    PDF
- La acumulación del capital. I. Reproducción simple.     HTML    PDF
- La acumulación del capital. II. Reproducción ampliada.     HTML    PDF

Apenas llegué a la Facultad de Filosofía aprendí que El Capital era una de las diez obras que todo estudiante debería haber leído a lo largo de la carrera. Y la leí. Y no conseguí las llaves de la fortaleza. Quienes me lo situaban en el Trono de la Alta Filosofía no supieron ayudarme en el salto. Pero no olvidé la lección y seguí creyendo que merecía ese lugar de honor en el Top ten. Sólo insinué la duda de si esa obligación había de cumplirla en la etapa de estudiante o si podía ampliar el plazo. Volví a ella en otros muchos momentos, releyendo partes fragmentadas, en función de necesidades académicas o políticas. El laberinto se me fue haciendo familiar

Décadas después, a lo largo de dos curso académicos, 2012-2014, decidí abordar de nuevo una lectura sistemática del texto marxiano, en el marco del Seminario de Filosofía Política “Evelio Moreno Chumilla”, de la UB, dirigida a doctorandos y graduados; merecían la oportunidad de cumplir con aquella máxima vigente en mis días de estudiante y ya borrada del frontispicio del saber filosófico. Y lo que de joven me parecía una creencia razonable, ahora se me reafirma como una casi verdad. Y sería una verdad cerrada si las lecturas acumuladas durante los años no hubieran ido añadiendo sus correspondientes capas de escepticismo, a imitación de las durezas concéntricas de los troncos de los árboles que sirven para medir sus edades.

Yo he cumplido como profesor: les he propiciado las condiciones de posibilidad de leer El Capital. De los resultados…, ya hablarán ellos. Y aquí me propongo abrir las puertas a quienes quieran probar si el recorrido por sus páginas les ayuda en la irrenunciable tarea de comprender nuestro mundo. Lo que aquí se ofrece son los textos que presenté en las sesiones del seminario, sin duda relaborados y, creo, enriquecidos, tanto en contenido como en ligereza literaria; en todo caso adaptados a su destino: una lectura en soledad, muy distinta a la lectura colectiva para la que fueron concebidos. Aquí el relato sustituye al debate, cosa nada fácil, en la función de crear el escenario y facilitar la lectura.

Conozco a muchos colegas que, sin pudor, como si hablaran de Tutankamón, consideran la obra marxiana “superada” e inútil; casi se avergüenzan de haberla elogiado ayer, compartiendo juntos mi creencia juvenil. No me sorprende, Dante nos mostró que se puede hablar con convicción, describir con sublime belleza y valorar con rotunda certeza lo que no se conoce; pero en Dante admiro la grandeza de reconocer su paseo imaginario por el Infierno y la humildad de confesarnos que en el Cielo no había estado. No me agrada el intelectual que convierte en virtud el pasar de largo; ya lo sabemos, es más cómodo decir que Dios no existe que decir que lo he encontrado y no me gusta; acarrea menos compromisos. A Marx le hubiera gustado saber que su texto ha sido realmente superado, como a un honesto campeón olímpico que ha sido batida su marca; es esa superación desmitificadora la que, a posteriori, certifica el mérito (esta sorprendente tesis ontológica se aprende leyendo El Capital). Pero sospecho que en muchos casos la superación de una filosofía se logra por la trocha, eliminando el problema que la sustentaba. Mientras se mantenga como objetivo noble de la filosofía el de pensar el presente (y yo siempre he añadido, no siguiendo en esto a Marx sino a Hegel, de pensarlo en conceptos, no en sentimientos ni en intuiciones), creeré que El Capital sigue mereciendo estar entre las diez obras afortunadas (o entre las doce a fecha de hoy, para conceder a cada época su oportunidad y merecimiento). Cuando se renuncia a esa tarea, cuando la filosofía deserta de su compromiso histórico, -y no faltan hoy síntomas preocupantes de esa pandemia-, entonces sí, todo está definitivamente superado; tal vez deberían decir “consumado”, es más escatológico. Hasta el ingenio lúcido y penetrante de Groucho Marx deviene anacrónico cuando se convierte en doctrina oficial su máxima “éstos son mis principios, si no le gustan, tengo otros”.

Soy de los que piensan que un gran libro es “grande” porque desafía a la historia; y a su propia historia. Y creo que estos libros deben ser leído conforme recomendaba Descartes en la 10ª de sus Regulae ad directionem, donde recomendaba, para “hacer sagaz el espíritu”, nada más y nada menos que “ejercitarlo en buscar lo que ha sido ya hallado por otros y en recorrer de manera metódica todas las artes u oficios de los hombres”; máxima que aplicada a nuestro texto filosófico se traduce en recorrer la ruta al conocimiento del capital que sigue Marx, seguir su camino, su proceso, apropiarnos de sus logros como el alpinista que sigue de cerca los pasos de otro. Nosotros aquí seguiremos el camino de Marx, no el camino hacia Marx. Quiero decir con ello que el objetivo de esta lectura de El Capital no es tanto conocer el pensamiento de Marx cuando hacer nuestro su conocimiento de la ciudad del capital. No obstante, como siempre preferí ser un alumno agradecido que un discípulo obediente, y he aplicado siempre este criterio en mi vida académica, seguiremos su camino pero no sus pasos. Ni su ritmo. Nosotros tendremos que ir más lentos, tal vez; con rodeos, con más vacilaciones, con más descansos. Pero intentaremos no perder del todo su música y su aroma, ni esa fina (a veces un poco cruel) ironía que desprendían sus gestos. De ahí que hayamos montado el relato del viaje de Marx por la ciudad del capital acompañado de sus más ilustres interlocutores. No os sorprendáis, pues, del recurso a elementos de teatralización; El Capital ya es en sí misma una obra muy dramática.